
Es cierto que los adolescentes experimentan cambios físicos, psicológicos, sociales, etc. Pero, es el adulto quien interpreta estas actitudes del joven y lo estereotipa de muchas formas:
- El adolescente como objeto peligroso y en peligro.
En esta etapa se le considera al joven como objeto peligroso porque pasa de ser el niño inocente, débil y dependiente de sus padres a ser un individuo que se muestra fuerte y seguro al exponer sus ideas. Ya no quiere ser un niño, está buscando acercarse a la adultez y eso implica desprenderse de los cuidados familiares. Por otro lado, se le considera en peligro porque los padres no pueden aceptar que su niño ha crecido y que ya es capaz de tomar sus propias decisiones. La inseguridad es de parte de los padres, no creen que su hijo sea capaz de resolver problemas, tienen miedo a dejarlos ir y darles cierta independencia es por eso que lo limitan y lo sobreprotegen.
- El adolescente como objeto sexual
Esta definición se refiere a que los padres no quieren admitir que sus hijos crecieron. Les cuesta afrontar la idea de que ya aparecen los primeros impulsos sexuales, a pesar de que es un cambio natural y avisado. Las emisiones de semen y de flujos menstruales hacen que la familia se de cuenta de que hay un nuevo objeto sexual en la familia. Esto puede avergonzar mucho a los padres, hasta volver este proceso natural en un tema tabú y sin cabida de conversación en la casa.
- El adolescente como un individuo inadaptado
Es la idea que tiene el adulto de que la adolescencia traerá rebeldía y tiempos complicados para el adolescente, la confusión, la búsqueda de identidad, etc. Se espera el constante desequilibrio en el joven, es por esta razón que a la mayoría de jóvenes se les manda al psicólogo, confirmándole que tiene un problema que solucionar. Se le da a entender que esta etapa por la que pasa, que ya es difícil de por si, es un problema para los adultos.
-El adolescente como objeto de envidia
En esta etapa, el adolescente goza de una energía, de una despreocupación y de una alegría sumamente notoria. Esto genera que el adulto se compare y se de cuenta de que su vida va declinando, de que ya no cuenta con esa energía y esto le produce envidia. Esta envidia se ve reflejada en el padre que busca competir con su hijo, que trata de ser mejor o que menosprecia los logros o las vivencias del joven.
- El adolescente como objeto perdido
El adolescente comienza a perder a sus padres, pero los padres también pierden a sus hijos. Esta pérdida que sienten los padres les genera un vacío enorme, no saben que actitudes tomar o como comportarse en la rutina del hogar. Esto produce que los padres quieran retener a sus hijos para así tenerlos más cerca. Para lograr este propósito lo pueden limitar, lo pueden tratar como niño o puede querer conquistarlo a través de cualquier medio como relacionándose con los amigos del hijo.
- El adolescente como objeto peligroso y en peligro.
En esta etapa se le considera al joven como objeto peligroso porque pasa de ser el niño inocente, débil y dependiente de sus padres a ser un individuo que se muestra fuerte y seguro al exponer sus ideas. Ya no quiere ser un niño, está buscando acercarse a la adultez y eso implica desprenderse de los cuidados familiares. Por otro lado, se le considera en peligro porque los padres no pueden aceptar que su niño ha crecido y que ya es capaz de tomar sus propias decisiones. La inseguridad es de parte de los padres, no creen que su hijo sea capaz de resolver problemas, tienen miedo a dejarlos ir y darles cierta independencia es por eso que lo limitan y lo sobreprotegen.
- El adolescente como objeto sexual
Esta definición se refiere a que los padres no quieren admitir que sus hijos crecieron. Les cuesta afrontar la idea de que ya aparecen los primeros impulsos sexuales, a pesar de que es un cambio natural y avisado. Las emisiones de semen y de flujos menstruales hacen que la familia se de cuenta de que hay un nuevo objeto sexual en la familia. Esto puede avergonzar mucho a los padres, hasta volver este proceso natural en un tema tabú y sin cabida de conversación en la casa.
- El adolescente como un individuo inadaptado
Es la idea que tiene el adulto de que la adolescencia traerá rebeldía y tiempos complicados para el adolescente, la confusión, la búsqueda de identidad, etc. Se espera el constante desequilibrio en el joven, es por esta razón que a la mayoría de jóvenes se les manda al psicólogo, confirmándole que tiene un problema que solucionar. Se le da a entender que esta etapa por la que pasa, que ya es difícil de por si, es un problema para los adultos.
-El adolescente como objeto de envidia
En esta etapa, el adolescente goza de una energía, de una despreocupación y de una alegría sumamente notoria. Esto genera que el adulto se compare y se de cuenta de que su vida va declinando, de que ya no cuenta con esa energía y esto le produce envidia. Esta envidia se ve reflejada en el padre que busca competir con su hijo, que trata de ser mejor o que menosprecia los logros o las vivencias del joven.
- El adolescente como objeto perdido
El adolescente comienza a perder a sus padres, pero los padres también pierden a sus hijos. Esta pérdida que sienten los padres les genera un vacío enorme, no saben que actitudes tomar o como comportarse en la rutina del hogar. Esto produce que los padres quieran retener a sus hijos para así tenerlos más cerca. Para lograr este propósito lo pueden limitar, lo pueden tratar como niño o puede querer conquistarlo a través de cualquier medio como relacionándose con los amigos del hijo.
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